En la novela Los Hermanos Karamazov de Фёдор Михайлович Достоевский todos los personajes femeninos parecen estar orates, y los masculinos también. Pareciera sin embargo, que se les da una mayor profundidad a los personajes masculinos que pueda justificar su locura, mientras que los femeninos solo está disparatados por estar enamoradas de alguien.
Hay algo de verdad en ello, pero la novela lo lleva a un extremo. No la he terminado aún.
Sé distinguir al leer una novela mi propio estado mental. Por lo regular, las resoluciones de los personajes femeninos que sólo pueden ser tomadas por mentes fueras de sí son juzgadas por mí de acuerdo a mi propio estado. Me suele parecer perfectamente entendible que un personaje femenino haga disparates por amor cuando me siento igual. Por el contrario, cuando no me siento igual, o cuando como hoy, no estoy ni cerca, los personajes parecen solamente la creación irracional de un alcohólico, lo cual en parte es así.
No entiendo el deseo de ver a alguien ni el deseo de hacer por alguien tal o cual cosa con el carácter de “esclavitud eterna”, pero sé que en algún momento lo he sentido. No es hoy, ni ha sido estos días, ni ha sido las últimas semanas.
Desde que retomé la lectura de Los Hermanos Karamazov hace unas semanas, me parece que estoy leyendo un cuento de gente que necesita ser internada algún sanatorio mental.
No me pasó eso cuando leí Crimen y Castigo (una de mis novelas favoritas) y no me había pasado en mucho tiempo.
Escuché en audiolibro algunos capítulos de Las mil y una noches (1) y me parece también que los personajes actúan en demasía en base al puro deseo carnal.
Creo por tanto, que estoy en el estado idóneo para leer, escuchar y ver un montón de historias.
Debí regresar a los cuentos clásicos europeos hace más tiempo. Me he llevado una sorpresa al ver esta versión de El Flautista de Hamelín cuyo argumento conocía muy vagamente sin saber que el final tomaba unos tintes obscuros y también bastante justos a mi criterio. En esta producción, los cuentos clásicos de Shelley Duvall subieron bastante la factura en comparación con la producción de otros cuentos. La actuación del actor que hace el personaje del Flautista es fenomenal.
Hay algo de verdad en ello, pero la novela lo lleva a un extremo. No la he terminado aún.
Sé distinguir al leer una novela mi propio estado mental. Por lo regular, las resoluciones de los personajes femeninos que sólo pueden ser tomadas por mentes fueras de sí son juzgadas por mí de acuerdo a mi propio estado. Me suele parecer perfectamente entendible que un personaje femenino haga disparates por amor cuando me siento igual. Por el contrario, cuando no me siento igual, o cuando como hoy, no estoy ni cerca, los personajes parecen solamente la creación irracional de un alcohólico, lo cual en parte es así.
No entiendo el deseo de ver a alguien ni el deseo de hacer por alguien tal o cual cosa con el carácter de “esclavitud eterna”, pero sé que en algún momento lo he sentido. No es hoy, ni ha sido estos días, ni ha sido las últimas semanas.
Desde que retomé la lectura de Los Hermanos Karamazov hace unas semanas, me parece que estoy leyendo un cuento de gente que necesita ser internada algún sanatorio mental.
No me pasó eso cuando leí Crimen y Castigo (una de mis novelas favoritas) y no me había pasado en mucho tiempo.
Escuché en audiolibro algunos capítulos de Las mil y una noches (1) y me parece también que los personajes actúan en demasía en base al puro deseo carnal.
Creo por tanto, que estoy en el estado idóneo para leer, escuchar y ver un montón de historias.
Debí regresar a los cuentos clásicos europeos hace más tiempo. Me he llevado una sorpresa al ver esta versión de El Flautista de Hamelín cuyo argumento conocía muy vagamente sin saber que el final tomaba unos tintes obscuros y también bastante justos a mi criterio. En esta producción, los cuentos clásicos de Shelley Duvall subieron bastante la factura en comparación con la producción de otros cuentos. La actuación del actor que hace el personaje del Flautista es fenomenal.
Los cuentos clásicos europeos tenían la clave a problemas que me habían azotado durante los últimos meses.
Retomando a Los hermanos Karamazov. La obra de un artista siempre tiene una naturaleza intrínseca con su vida. Leyendo muy por encima la biografía de Достоевский se puede dar uno cuenta de que tan “autobiográfica” puede ser una novela.
Trato de pensar el porqué ha habido grandes escritores vinculados al alcoholismo. La pregunta que me asalta y que ha asaltado a más de uno es sí su obra hubiese sido la misma si no hubiesen sido afectados por la adicción/enfermedad o como se le quiera llamar tanto en el mundo políticamente correcto como en el que no lo es.
Edgar Allan Poe también era alcohólico y por ahí escuché que Juan Rulfo también aunque yo no soy muy fan de este último.
El alcoholismo como tal es una maldición, pero en el caso de estos grandes autores ¿lo fue en verdad? ¿Habrían sido capaces de crear personajes (2) con tal profundidad si su alma no hubiese estado tan herida como se puede ver en sus obras?
Bueno. Hay que considerar un par de cosas, entre ellas la famosa excepción a la regla. Un alcohólico, según Ayn Rand, lo es por mera neurosis o una incapacidad de aceptar la realidad tal cual es. Hay demasiados alcohólicos, de ello estoy segura, que son incapaces de crear nada. Es posible que los grandes escritores o artistas vinculados con el alcohol lo sean por excepción a la regla, o quizá no.
Tendré esa pregunta durante mucho tiempo. ¿Las obras de Poe, Rulfo y Dostoyevski, entre otros, habrían existido si no hubiesen sido alcohólicos?
La otra pregunta que me ronda en la cabeza es si en realidad hay más hombres que mujeres que padecen de dicha “neurosis” (3). Pareciera que la proporción de escritores alcohólicos entre hombres y mujeres es de 10 a 1 sino es que menor, aunque podría tratarse de la misma situación de siempre: los caso de mujeres no son tan conocidos.
Espero continuar con lo que creo ya son los últimos capítulos de Los hermanos Karamazov sin seguir pasando el juicio eterno “esta mujer es idiota” o bien, lo otro, el autor es idiota en lo que tratarse de conocer a las mujeres se refiere, aunque sé que en otro estado mental me parecería que los personajes actúan de acuerdo a lo que sienten para darle algo de sentido a sus vidas y por ello se lanzan a cometer un sinnúmero de estupideces. Estupideces. Recientemente terminé “El nombre del viento” y también me parecía que el personaje enamorado cometía estupideces y en ese caso, era un hombre. No puedo identificarme ni un milímetro en estos momentos con la irracionalidad de los actos de los personajes cometidos “por amor”. Me parece todo aquello mucho más ficticio que un flautista capaz de terminar con toda la peste de la Edad Media tocando en la flauta algunas 3 notas (y no muy bien).
Tiene para mí mucho más sentido en este momento que exista un hombre convertido de la cintura para bajo en mármol por una reina/bruja en Las mil y una noches (4) que el que una mujer decida perdonar a un hombre que la dejó para casarse con otra y cinco años después regrese con ella al enviudar porque ella ahora es ligeramente rica y ella todavía decida que tiene demasiado sentido común perdonarlo (5).
La depresión del padre al perder a su hijo en Dédalo e Ícaro me parece mucho, pero muchísimo más creíble que el de un par de mujeres peleándose por un hombre que ni siquiera ninguna de las dos quiere, no obstante, las dos historias son igual de reales, solo que particularmente en estos momentos, el simbolismo de los cuentos clásicos y los mitos parece darme mejores respuestas a los problemas cotidianos, que las vulgares realidades de las que somos presa de sentir y hacer los humanos en estados emocionales exaltados.
Debí volver a los cuentos clásicos hace mucho. Quizá no debí haberlos dejado nunca.
1) Sherezada narra la historia del Pescador y del Genio en la noche 5, creo. La historia no termina con el pescador lanzando al genio en la botella al mar como se hace creer en algunas versiones que sólo incluyen el relato corto, sino que se complica y entreteje con otras historias, de manera que el relato termina de una forma muy distinta, parecido a la vida real.
2)Personajes masculinos. Los autores alcohólicos crean personajes masculinos con mucha profundidad y a los femeninos se limitan a crearlos como seres etéreos presas el cien por ciento del tiempo de sus pasiones y de amor. Edgar Allan Poe no pasaba de hablar de las mujeres como “seres bellos” y se veía que era algo que había contemplado…desde lejos. Estoy cien por ciento segura que el autor de Las mil y una noches era hombre. Sherezada no deja de ser más que el Netflix del sultán. La única diferencia entre Sherezada y las otras mujeres que mataba era que esta última lo entretenía por más tiempo.
3) Bendita neurosis después de todo. El cuento de El pozo y el péndulo y la novela Crimen y castigo son, al parecer, producto de dicha “falta de aceptación de la realidad.”
4) Simbolizando el hombre que siente privado de su masculinidad y/o virilidad cuando una mujer le pone el cuerno. Parece el argumento entero de todas Las mil y una noches.
5) Desde luego que la cosa no termina ahí, pero el simple hecho de que el personaje lo haya considerado, aunque sea por un minuto, confirma la irracionalidad a la que me refiero. El problema con Dostoyevski es que parece estacionar a sus personajes femeninos en esa irracionalidad, les cambia nada más el objeto (hombre) que se los produce.
Retomando a Los hermanos Karamazov. La obra de un artista siempre tiene una naturaleza intrínseca con su vida. Leyendo muy por encima la biografía de Достоевский se puede dar uno cuenta de que tan “autobiográfica” puede ser una novela.
Trato de pensar el porqué ha habido grandes escritores vinculados al alcoholismo. La pregunta que me asalta y que ha asaltado a más de uno es sí su obra hubiese sido la misma si no hubiesen sido afectados por la adicción/enfermedad o como se le quiera llamar tanto en el mundo políticamente correcto como en el que no lo es.
Edgar Allan Poe también era alcohólico y por ahí escuché que Juan Rulfo también aunque yo no soy muy fan de este último.
El alcoholismo como tal es una maldición, pero en el caso de estos grandes autores ¿lo fue en verdad? ¿Habrían sido capaces de crear personajes (2) con tal profundidad si su alma no hubiese estado tan herida como se puede ver en sus obras?
Bueno. Hay que considerar un par de cosas, entre ellas la famosa excepción a la regla. Un alcohólico, según Ayn Rand, lo es por mera neurosis o una incapacidad de aceptar la realidad tal cual es. Hay demasiados alcohólicos, de ello estoy segura, que son incapaces de crear nada. Es posible que los grandes escritores o artistas vinculados con el alcohol lo sean por excepción a la regla, o quizá no.
Tendré esa pregunta durante mucho tiempo. ¿Las obras de Poe, Rulfo y Dostoyevski, entre otros, habrían existido si no hubiesen sido alcohólicos?
La otra pregunta que me ronda en la cabeza es si en realidad hay más hombres que mujeres que padecen de dicha “neurosis” (3). Pareciera que la proporción de escritores alcohólicos entre hombres y mujeres es de 10 a 1 sino es que menor, aunque podría tratarse de la misma situación de siempre: los caso de mujeres no son tan conocidos.
Espero continuar con lo que creo ya son los últimos capítulos de Los hermanos Karamazov sin seguir pasando el juicio eterno “esta mujer es idiota” o bien, lo otro, el autor es idiota en lo que tratarse de conocer a las mujeres se refiere, aunque sé que en otro estado mental me parecería que los personajes actúan de acuerdo a lo que sienten para darle algo de sentido a sus vidas y por ello se lanzan a cometer un sinnúmero de estupideces. Estupideces. Recientemente terminé “El nombre del viento” y también me parecía que el personaje enamorado cometía estupideces y en ese caso, era un hombre. No puedo identificarme ni un milímetro en estos momentos con la irracionalidad de los actos de los personajes cometidos “por amor”. Me parece todo aquello mucho más ficticio que un flautista capaz de terminar con toda la peste de la Edad Media tocando en la flauta algunas 3 notas (y no muy bien).
Tiene para mí mucho más sentido en este momento que exista un hombre convertido de la cintura para bajo en mármol por una reina/bruja en Las mil y una noches (4) que el que una mujer decida perdonar a un hombre que la dejó para casarse con otra y cinco años después regrese con ella al enviudar porque ella ahora es ligeramente rica y ella todavía decida que tiene demasiado sentido común perdonarlo (5).
La depresión del padre al perder a su hijo en Dédalo e Ícaro me parece mucho, pero muchísimo más creíble que el de un par de mujeres peleándose por un hombre que ni siquiera ninguna de las dos quiere, no obstante, las dos historias son igual de reales, solo que particularmente en estos momentos, el simbolismo de los cuentos clásicos y los mitos parece darme mejores respuestas a los problemas cotidianos, que las vulgares realidades de las que somos presa de sentir y hacer los humanos en estados emocionales exaltados.
Debí volver a los cuentos clásicos hace mucho. Quizá no debí haberlos dejado nunca.
1) Sherezada narra la historia del Pescador y del Genio en la noche 5, creo. La historia no termina con el pescador lanzando al genio en la botella al mar como se hace creer en algunas versiones que sólo incluyen el relato corto, sino que se complica y entreteje con otras historias, de manera que el relato termina de una forma muy distinta, parecido a la vida real.
2)Personajes masculinos. Los autores alcohólicos crean personajes masculinos con mucha profundidad y a los femeninos se limitan a crearlos como seres etéreos presas el cien por ciento del tiempo de sus pasiones y de amor. Edgar Allan Poe no pasaba de hablar de las mujeres como “seres bellos” y se veía que era algo que había contemplado…desde lejos. Estoy cien por ciento segura que el autor de Las mil y una noches era hombre. Sherezada no deja de ser más que el Netflix del sultán. La única diferencia entre Sherezada y las otras mujeres que mataba era que esta última lo entretenía por más tiempo.
3) Bendita neurosis después de todo. El cuento de El pozo y el péndulo y la novela Crimen y castigo son, al parecer, producto de dicha “falta de aceptación de la realidad.”
4) Simbolizando el hombre que siente privado de su masculinidad y/o virilidad cuando una mujer le pone el cuerno. Parece el argumento entero de todas Las mil y una noches.
5) Desde luego que la cosa no termina ahí, pero el simple hecho de que el personaje lo haya considerado, aunque sea por un minuto, confirma la irracionalidad a la que me refiero. El problema con Dostoyevski es que parece estacionar a sus personajes femeninos en esa irracionalidad, les cambia nada más el objeto (hombre) que se los produce.